Queda su nombre, queda el.
Todo grabado en la misma sed.
Que en mi cabeza está, aunque no quiera,
La palabra más cruda, de hierro,
Que al nombrarla, ella, filosa, rompe con toda mi lengua,
Con todo lo mío.
La palabra que no quiero decir: Tu nombre.
Es mejor dejarte asi, anónimo,
Casi inexistente para mis oídos, para mis labios,
Y tragarme las espinas de un rosal que ya no es,
Que ya no lleva identidad, que el viento lo ha devorado.
Es mejor así, invisible, ignorante.
Por cada espina, un poco de sangre,
Pero que más da, el silencio mío es tuyo, es de ambos, es de lo que ya no es más...
Un poco filosa, será la palabra todavía,
Amarga seguro. Quizás fría.
Pero ya no importa,
No es más que una palabra, un nombre simplemente, un nombre, un...uno sólo.
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